No esperes nada, así te ahorras la decepción y en caso de que sí algo llegue, la sorpresa es mayor y mejor. Eso escuché o leí un día, en algún sitio. Quizá sea cierto, pero yo siempre espero... y espero..... y espero.........
Sueño cosas imposibles y aunque mi lógica sabe que jamás pasarán, no puedo evitar una punzada de decepción cada vez que una oportunidad de concretar mis fantasías se escapa como si nada. Dicen que hay que perseguir los sueños, pero éstos no dependen de mí sino de terceros. Todo lo que puedo alcanzar por mi misma lo conseguiré tarde o temprano, si me esfuerzo lo suficiente. Solo que cuando espero no me espero a mi misma. Pero no aprendo, no me canso de esperar y tras cada decepción renace la esperanza. Inútil y sin sentido, pero intensa e inextinguible. Y no sirve decir lo que quiero, equivaldría a organizarte una fiesta sorpresa a vos mismo. "Che, sorprendeme..." no tiene sentido alguno.
Asi que seguiré con mi lucha intensa entre la ilusión de esperar la nada y las ganas de dejar paso a la racionalidad y bajar los pies a la tierra. Por ahora gana la inconsistente pero irrevocable idea de que de tanto esperarla, esa nada aparezca algún día.
sábado, 28 de noviembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



No hay comentarios:
Publicar un comentario