Hasta que un día Wendy dijo basta. Esto no es real, y no es bueno. Hay que volver...hay que crecer.
Peter no entiende, "te convertirás en un adulto aburrido y dejarás de creer" dice ofendido. Wendy se marcha de todos modos.
¿Cuántos días de travesuras le tomará a Peter Pan olvidarse de ella? No tiene modo de saberlo. Pero ella no olvida. Llegará el día en que les contará a sus hijos historias sobre Nunca Jamás y les pedirá que, como ella, no dejen nunca de creer.
Ahora está emprendiendo el viaje a casa. No hay barco que la lleve ni Campanita que la ayude. Está sola. El camino es largo y tiene miedo de perderse. Resulta tan fácil cuando se aprende a volar en compañía de un eterno niño sonriente, pero poner los pies sobre la tierra no es simplemente dejarse caer. A veces tiene ganas de dar marcha atrás, pero recuerda las últimas palabras que pronunció Peter: "si te vas, jamás podrás regresar", y se siente una cobarde por haberlo considerado siquiera.
Es su destino crecer, así como el destino de ese tonto irresponsable es permanecer en su querida estrella.
Tomó la decisión correcta...¿verdad? Sí, por supuesto, se repite a sí misma, en un vano intento de convencerse. Pero la oscuridad del camino es cada vez mayor. La rodea, la asfixia. Y de pronto...lo ve. No es más que un tenue resplandor en el horizonte pero algo le dice que es la respuesta que buscaba. Al acercarse nota que el resplandor es simplemente luz. Una luz tibia que está en todas partes y a la vez en ninguna. Una luz intangible pero que de algún modo la abraza. La soledad y el miedo se esfuman y ella siente que podría permanecer allí, rodeada de luz para siempre. Pero estaría postergando ese asunto de crecer y eso es algo impensable, así que respira hondo y continúa su viaje. Se aleja esperando caer en las tinieblas del camino, pero por mucho que avance eso no sucede. La luz vuelve a ser un resplandor en el horizonte, esta vez a sus espaldas. No comprende entonces la ausencia de oscuridad...la ausencia de miedo. Hasta que lo descubre. Es ella. Ahora también está hecha de luz. Sonríe por primera vez desde que abandonó Nunca Jamás. "Ahora sí estoy segura -dice- de que no podría haber tomado una decisión mejor".
El título, para no perder la costumbre, un pedacito de Rammstein que podría traducirse a "Te buscaré detrás de la luz" a menos que mi informante le haya pifiado feo.


